Rubén es soldador, de Ferrol, y llevaba tres años sin salir de la ría cuando aceptó tres semanas en un astillero cerca de Gdansk. Llegó un lunes a las siete. A las siete y veinte ya estaba metido en la bodega de un casco a medio cerrar, con el equipo puesto, sin una raya de cobertura, escuchando la charla de seguridad.
El encargado la daba en inglés, con esfuerzo, leyendo de una carpeta. Cada dos frases se giraba hacia un veterano y le soltaba algo en polaco. El veterano asentía, añadía dos palabras, y la charla seguía. Rubén también asentía. Asentía todo el mundo.
Lo que se estaba diciendo ahí no era papeleo. Eran las señales de sirena: dos toques cortos significaban salir de la bodega inmediatamente; uno largo, que iban a mover la grúa por encima y había que quedarse quieto donde estuvieras. Confundir una con otra es de las pocas cosas de este oficio que no tienen segunda oportunidad.
Un móvil apoyado en la barandilla
Rubén abrió Elffuss Translator en el navegador del móvil, lo dejó boca arriba en la barandilla y no lo volvió a tocar. La charla duró poco más de un cuarto de hora.
Cuando salieron a cubierta tenía la conversación entera en la pantalla, partida por voces: el encargado, el veterano y un tercero que había hablado dos veces desde el fondo sin que Rubén supiera siquiera que estaba allí. Cada línea, en inglés o en polaco, con su traducción al lado.
- Dos cortos, fuera; uno largo, quieto. Por escrito, sin tener que fiarse de su oído a la tercera frase seguida en inglés.
- Nada de soldar solo ahí abajo: extractor encendido y alguien fuera, siempre.
- Y una frase del veterano, en polaco, que nadie le tradujo.
«Dile al nuevo que no toque la línea de arriba hasta el jueves, que sigue con tensión».
Esa frase iba dirigida a él y no le llegó. No por mala fe: el veterano dio por hecho que el encargado se la pasaría, y el encargado ya estaba en el punto siguiente. Pasa todos los días, en todos los idiomas. La diferencia es que Rubén la leyó antes de subirse al andamio, no después.
Por qué ese audio no sale de ahí
Dentro del casco no había cobertura, así que cualquier cosa que necesitara internet habría sido un icono girando. Translator trabaja dentro del navegador, con la GPU del propio móvil: el audio no se sube porque no hay a dónde subirlo, y tampoco hace falta.
Y aunque hubiera habido cobertura. En esa grabación están los procedimientos internos de una empresa, los nombres de sus compañeros y un responsable de seguridad identificado diciendo lo que dice. Rubén no tenía ninguna gana de ser el nuevo que manda el briefing de la empresa a un servidor ajeno el primer día de contrato. Se quedó en su móvil, y se borra cuando él quiera.
Entender lo que se dice está bien. Saber quién lo ha dicho, y a quién iba dirigido, es a veces lo que te baja del andamio a tiempo.
Ábrelo antes de la próxima conversación que no te puedas permitir perder: Elffuss Translator funciona dentro de tu navegador, sin cuenta y sin subir tu audio a ningún sitio.
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