Vuelo cancelado a las tres y diez de la madrugada. Nuria, 44 años, de Alcalá, llevaba una hora larga en la cola del mostrador de incidencias del aeropuerto de Estambul con una maleta de mano y un vestido plegado dentro. La boda de su hermano era el sábado en Ereván. Era jueves.
Cuando le llegó el turno tenía delante a dos empleados. Uno, joven, le hablaba en inglés: mañana a las siete de la tarde, esa es la reacomodación disponible, lo siento mucho. El otro, mayor, hablaba en turco con él sin mirarla, como quien comenta un asunto interno mientras el mostrador sigue funcionando. Dos conversaciones a la vez en el mismo metro cuadrado, y solo una dirigida a ella.
El problema no era el idioma, era saber quién decía qué
Nuria dejó el móvil en la bandeja del mostrador, boca arriba, con Elffuss Translator abierto. No es una grabadora: transcribe y traduce según se habla y, sobre todo, separa las voces. En la pantalla no aparecía un bloque de texto revuelto, aparecían turnos etiquetados: Hablante 1, Hablante 2, cada frase con su dueño.
«Hablante 2: …en el de las 09:40 vía Tiflis quedan dos plazas, pero esas las estamos dejando para los de la conexión.»
Ahí estaba. La frase que le resolvía el fin de semana no se la había dicho nadie a ella. Estaba en la conversación de al lado.
Nuria no montó ningún número. Giró el móvil, señaló esa línea y preguntó en inglés, despacio, si podía entrar en el de las 09:40 vía Tiflis. El mayor se quedó un segundo callado, miró la pantalla, tecleó. Le dio una de las dos.
Y ese audio, ¿dónde acaba?
Piensa en lo que se dijo en ese minuto y medio de mostrador: su nombre completo, el localizador, el número de pasaporte deletreado en voz alta, los últimos dígitos de la tarjeta con la que pagó, la dirección de su hermano en Ereván. Eso es exactamente lo que una app de traducción de las normales habría empaquetado y mandado al servidor de alguien, en algún país, por el wifi abierto de un aeropuerto a las tres de la mañana.
Translator no manda nada. El modelo se descarga una vez y a partir de ahí corre dentro del navegador, sobre la GPU del propio dispositivo. Sin cuenta, sin subida, sin «tratamos sus datos para mejorar el servicio». Con el móvil en modo avión funciona igual de bien, que es justo como lo llevaba ella para no pagar roaming.
Lo que se llevó Nuria de ese mostrador no fue una traducción elegante. Fue saber que la frase que le cambiaba el sábado la había dicho el señor de la derecha, y no el chico que la estaba atendiendo.
Ábrelo antes del próximo mostrador: Elffuss Translator corre entero en tu navegador, escucha, separa quién habla y traduce sin que el audio salga de tu dispositivo.
Abrir Translator →