Carmen lleva dieciséis años haciendo cerámica en Agost. El jueves por la mañana tenía el torno tapado con un trapo y la mesa grande despejada: venían a verla la compradora de una cadena de nueve tiendas de Copenhague y el agente que había montado la visita. Si salía bien era el pedido más grande de su vida: seiscientas piezas para el catálogo de primavera.
Lo que no había calculado era cuántos idiomas iban a caber en esa mesa. Mette, la compradora, hablaba danés y un inglés de cortesía. Jonas, el agente, se movía entre el español y el danés. Y a media reunión Mette llamó al almacén y puso el altavoz: Lise, que lleva la logística, no hablaba más que danés, y rápido.
Dos condiciones, y no venían del mismo sitio
De esa media hora salieron dos frases que cambiaban el presupuesto entero:
- Las piezas tenían que ir cuarenta y ocho por palé, encajadas, o el transporte se comía el margen.
- El pedido se firmaba si el esmalte pasaba un control en destino, y con un treinta por ciento por adelantado.
Jonas lo resumió en español con la mejor intención: «les encanta, les parece bien todo, mándales el precio». Pero a Carmen esas dos frases le pedían cosas distintas. Si la del palé era un deseo de Mette, podía negociarse: treinta y seis por palé y un ajuste de precio. Si venía del almacén, no se negociaba nada: había que rediseñar el embalaje y cobrarlo aparte. Tenía que mandar el presupuesto el viernes.
Quién lo dijo, línea por línea
Antes de que llegaran, Carmen había abierto Elffuss Translator en el navegador del ordenador del taller y lo dijo en voz alta: que iba a ir traduciendo para no perderse. Nadie puso mala cara. Lo que fue apareciendo no era un bloque de texto, sino la conversación partida por voces, cada frase con su dueño y traducida al español mientras se hablaba.
«Voz 3 (teléfono): cuarenta y ocho por palé, o no entra en el hueco que tenemos reservado. Y tiene que estar aquí antes de la semana 6.»
A la voz 3 le puso nombre después: Lise. Esa línea, con ese dueño, le dijo todo. El palé no era un gusto, era un hueco de almacén. La fecha no era Mette siendo optimista. Y el control del esmalte sí era de Mette, terreno donde podía ofrecer una serie de muestras antes de confirmar. El viernes mandó el presupuesto con el embalaje reforzado como partida separada y las muestras incluidas. Se lo aceptaron sin discutir una coma.
Por qué esa grabación no se mueve del taller
En esa media hora Carmen dijo en voz alta lo que le cuesta cada pieza, hasta dónde podía bajar y por qué. Mette dijo lo que le paga a otros proveedores. Subir ese audio a un servicio de transcripción es entregarle a un tercero la estructura de costes de tu taller y la de tu cliente, para que se quede guardada quién sabe dónde. Y nadie le había dado permiso a Carmen para compartir las palabras de Mette.
Nada de eso hizo falta. El audio no salió del ordenador: el reconocimiento, la separación de voces y la traducción pasaron dentro del navegador. Que el taller tenga paredes gordas y cobertura regular dejó de ser un problema, porque no había nada que enviar.
Abre Elffuss Translator antes de la próxima reunión en la que no todos hablen tu idioma: traduce y separa quién dice cada cosa dentro de tu navegador, sin cuenta y sin subir el audio a ningún sitio.
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