Iñaki lleva tres años viendo a su hijo Leo solo en vacaciones. Leo vive en Bolonia con su madre, Chiara. Este octubre se sentaron por primera vez en un centro municipal de mediación familiar para cerrar lo que por correo no había manera de cerrar: la Navidad. Iñaki se defiende en italiano cuando se trata de la comida o del colegio. En una mediación, no.
Tres voces y una mesa pequeña
En la sala estaban la mediadora, Chiara y la abogada de Chiara. Iñaki fue solo. Antes de empezar abrió Elffuss Translator en el navegador de su portátil y preguntó si podía usarlo. La mediadora dudó. Lo que se dice en una mediación es confidencial y no se graba. Iñaki le explicó que el audio no salía de allí, porque el modelo funcionaba en su propio portátil. Como ya lo tenía descargado, desactivó el wifi delante de ella y siguió traduciendo igual. Le dijeron que sí.
Quién dijo «quest'anno no»
A los veinte minutos llegó la propuesta: Nochebuena con el padre, Navidad con la madre y al año siguiente al revés. En la pantalla aparecieron dos frases casi seguidas: «Me parece razonable empezar así» y «Este año no». Leídas de corrido sonaban a una sola negativa, la de la mediadora. Pero Translator las había separado. La primera era la Voz 1, la mediadora. La segunda era la Voz 2, Chiara. Y justo debajo, la Voz 3, la abogada, a media voz: «Que empiece él el año que viene».
Eso lo cambiaba todo. No era la mediadora diciéndole que su propuesta no tenía sentido. Era Chiara defendiendo su postura, y eso se podía negociar. Iñaki no discutió el «no». Preguntó por qué precisamente este año. La respuesta fueron los abuelos de Chiara: ochenta y nueve años, y quizá la última Nochebuena que pasarían con el niño. Si Iñaki hubiera creído que el «no» venía de la mediadora, se habría rendido o se habría enfadado. En los dos casos se habría quedado sin oír esa respuesta.
Acordaron que este año Leo cena en casa de sus bisabuelos y que el 25 a mediodía lo recoge Iñaki, que se lo queda hasta el 30. El año que viene, al revés. Y todo por escrito.
Lo que falló y lo que no
No todo salió perfecto. Cuando Chiara y su abogada hablaban a la vez, las etiquetas se cruzaron un par de frases. Iñaki se dio cuenta y pidió que lo repitieran. La mediadora, que lleva años pidiendo lo mismo en esa sala, se lo agradeció. Al terminar, Iñaki leyó el acuerdo en voz alta en su italiano torpe y Chiara asintió.
Esa transcripción tenía el nombre de su hijo, las fechas, la salud de dos ancianos y lo que la abogada le había susurrado a su clienta.
Al salir, Iñaki la borró delante de la mediadora, tal como habían quedado. No había ninguna otra copia que borrar porque no había salido nunca de su portátil. Por eso le dejaron usarla en la mesa.
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